CALCOLÍTICO/BRONCE

La investigación de las primeras culturas metalúrgicas madrileñas (Calcolítico y Edad del Bronce) fue iniciada en la Comunidad de Madrid por J. Pérez de Barradas en el primer tercio de este siglo. Los estudios sobre la Edad del Bronce en la cuenca del Tajo se intensifican en la década de 1970 por la proliferación de los hallazgos de cerámicas decoradas propias de Cogotas I, si bien en las dos últimas décadas se han sistematizado las diferentes fases de dichos períodos cronoculturales mediante estudios tipológicos de las cerámicas y sus dataciones por termoluminiscencia (Blasco, 1997).

 

Actualmente la investigación en la Comunidad Autónoma de Madrid, viene dada por las excavaciones de urgencia debidas al crecimiento de la ciudad, concentrándose dichos yacimientos en las terrazas fluviales del Jarama. Una estructura característica de este período cultural son los llamados “fondos de cabañas” que plantean problemas a la hora de su interpretación funcional. Los fondos aparecen en la superficie del terreno como manchas circulares u ovales de color gris o negruzco que contrastan con el amarillo de las arenas donde suele haber sido excavados o en los taludes de los desmontes. Una de las pocas cabañas excavadas de esta época la encontramos en el yacimiento calcolítico de La Alameda.

 

Muy próximo a la zona de estudio contamos con el yacimiento Margarita perteneciente al Bronce Medio (aunque en el mismo lugar también aparecieron restos tardorromanos), y donde se localizaron varias estructuras de fondo de cabaña.

 

Más al Este se localiza el yacimiento Villaverde que cuenta con una cronología que abarca desde la Edad del Bronce hasta época romana. Este período se caracteriza por la continuidad de las formas de vida durante el mismo, que debemos entender como demostración de la estabilidad de un sistema económico y social basado en una agricultura y pastoreo no intensivo aprovechando las vegas fértiles del río y las elevaciones circundantes.

 

El yacimiento de La Capellana (Madrid) (Blasco y Baena, 1989) manifiesta, de forma bastante clara, cuales son los impulsos que propician o, al menos, aceleran el proceso de cambio entre el Bronce Final y el inicio de la Primera Edad del Hierro en esta región. Durante los trabajos de excavación se localizaron en la zona suroeste del yacimiento una serie de bloques líticos, de sílex, hincados y alineados en dirección norte-sur, que podrían ser los restos, muy perdidos, de alguna estructura cuyas dimensiones y características son difíciles de conocer por el escaso tramo que se conserva y la ausencia de esquinas, vanos e incluso de posibles revestimientos. Estos bloques crean tres muretes paralelos separados entre sí 1,5 m. y 0,40 m. respectivamente. Mientras que los dos exteriores están creados por una única hilada, el central presenta doble paramento que deja en su interior unos 20 cm. rellenos con tierra y pequeñas piedras. La diferente técnica constructiva podría indicar distintos momentos de ejecución correspondientes a remodelaciones de espacios o a la erección de estructuras diferentes que no parecen haber estado superpuestas. La mayor originalidad de estos restos es su elaboración con bloques de sílex, una piedra poco apta para trabajos de cantería por su gran dureza y dificultad de talla, sin embargo es la única piedra disponible en la zona, lo que obligó a utilizarla, incluso para aspectos poco apropiados, como es la actividad constructiva.

 

En la fase última del Bronce Final (siglos IX-VII a.n.e.) surgen nuevos poblados en algunas áreas desde el Atlántico hasta el Valle del Ebro. Unos, en torno al Sistema Ibérico, se asientan en vegas de los ríos sin aparente interés defensivo, tal vez por ser de pequeños grupos aislados de agricultores, mientras que otros, en zonas predominantemente ganaderas, aprovechan puntos altos que constituyen ya los primeros "castros", entendidos éstos como poblados situados en lugar de fácil defensa reforzada con sistemas defensivos que defienden en su interior una pluralidad de viviendas de tipo familiar y que controlan una unidad elemental de territorio, con una organización social escasamente compleja y jerarquizada